Vol. 2008 en línea


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Kwame Bediako - Hacia un Pentecostés más total:

Sociedades Bíblicas Unidas — Taller Trienal de Traducción

Málaga, 19-30 de junio de 2000

Hacia un Pentecostés más total:

 la traducción de las Escrituras y la Iglesia en la era de la globalización

Kwame Bediako

 

Introducción: el surgimiento de la erudición cristiana vernácula

Para esta última ponencia en esta serie, los invito a que viajen conmigo a Ghana. Es un día cualquiera de julio de 1960. El lugar es el Gran Auditorio de la Universidad de Ghana, en Legon. La ocasión es el otorgamiento de un doctorado honoris causa a Clement Anderson Akrofi por su destacada labor bíblica y lingüística. La institución que otorga el reconocimiento no es, de hecho, la Universidad de Ghana, sino la Universidad Johannes Gütenberg de Mainz, Alemania. Sin embargo, la ceremonia tuvo que celebrarse en Ghana porque, a edad muy temprana, Akrofi se vio afectado por la poliomelitis, que lo dejó parcialmente paralizado. Por esta razón, durante toda su vida adulta trabajó desde una silla de ruedas. En la aceptación de la distinción, Akrofi hizo observaciones que vale la pena recordar para nuestros propósitos actuales.

No olvido que estoy recibiendo este honor sobre todo como siervo del Evangelio, que en la actualidad se dedica a la revisión de la Biblia en Twi. Considero un gran privilegio que mi propia generación me haya permitido participar en esta noble tarea de comunicar el Evangelio y, con ello, preparar el terreno para el Reino de Dios. Debo agregar que disfruto mucho del contacto diario con la Palabra de Dios, y que lo encuentro sumamente satisfactorio. En relación con esto, y dada la tendencia general de considerar que el cristianismo es una religión foránea, recordaré a mis hermanos africanos que, aunque el cristianismo es el mayor don de Europa a África, no es en forma exclusiva la religión del hombre blanco; no es la religión del cristianismo imperialista. El cristianismo es una religión mundial porque Jesucristo es el Señor y Rey del universo.[1]

Por quienes conocieron personalmente a Akrofi, sabemos que fue una persona de pocas palabras; que procuraba que todo lo que decía contara. Porque lo que ocultan las modestas palabras de Akrofi es el valor de erudición que representaban, una tradición de erudición cristiana vernácula que, al mismo tiempo, estaba vinculada con los horizontes universales y encajaba muy bien en el mundo en general. En cierta ocasión el Presidente de Ghana, Dr. Kwame Nkrumah, presentó a Akrufi a la Reina Isabel II de Inglaterra como “el Chaucer de nuestra lengua”.

Para cuando Akrofi falleció, siete años después de haber finalizado la revisión de la Biblia en Twi, también nos había legado su Twi Mmebusem, colección de 1000 proverbios twis anotados, un Twi Spelling Book (escrito en colaboración con Eugene Rapp), un English-Twi-Ga Dictionary (producido en colaboración con el lingüista Ga, G.L.Botchway), así como su Twi Kasa Mmara, la gramática de “una lengua africana, interpretada por un erudito africano que escribió en su propia lengua”, como observó Dietrich Westermann en el prefacio del libro de Akrofi.

Pero con esta destacada producción, que puso de relieve la erudición de Akrofi, este demostró ser, en un sentido genuino, el heredero intelectual y espiritual  de Johannes Gottlieb Christaller, “el inmortal Christaller”, como Akrofi mismo lo llama, porque fue Christaller quien, en el siglo XIX, tuvo la idea de que el objetivo de la misión sería la formación de “naciones cristianas” con los diversos pueblos de la Costa de Oro (Ghana). Para ello, su empeño por el aprendizaje de lenguas y por la penetración y participación en culturas locales sería su contribución al surgimiento de un “lengua común”, que debía llegar a ser “culta, desarrollada y refinada” y, con ello, capaz de servir como medio de comunicación entre “personas educadas”.

Toda la obra monumental de Christaller, a saber, su traducción de las Escrituras, su propia Gramática Twi, su colección de 3680 proverbios Twi, sus traducciones al Twi de obras doctrinales cristianas, su compilación de himnos Twi, su edición de revistas en Twi y en especial su obra en dos volúmenes Dictionary of the Asante and Fante Languages called Tshi, verdadera enciclopedia de la lengua y cultura Twi y de la ideología Akan, tuvo todo como fin asegurar que se dispondría de los instrumentos necesarios para la formación de naciones cristianas a partir de los pueblos de la Costa de Oro.

Para cuando los avances le llegaron a Akrofi a mediados del siglo XX, los efectos ramificadores de esta tradición vernácula de erudición cristiana habían sobrepasado los límites de lo que se podría haber visto como un objetivo cristiano concebido en forma restringida. Porque un profesor de lenguas clásicas de habla Twi en la Universidad de Ghana, Ofosu-Appiah, se sintió en condiciones de trazducir al Twi porciones de la literatura griega antigua: la Ilíada de Homero, la Historia de Herodoto y Antígona de Sófocles.

Si el hebreo y el griego brindaban a los africanos los medios de acceso a la totalidad de la revelación divina en la Biblia, y esta erudición cristiana vernácula incluía de hecho aprender a leer la Biblia en hebreo y griego, porque había sido la política oficial de la misión de Basilea, con el propósito de que “el ministro nativo fuera independiente”,  ahora una lengua africana servía para hacer posible que los africanos se aprovecharan de los tesoros literarios de otro pueblo. El Twi se había convertido de manera eficaz en un medio de comunicación entre el pueblo educado.

Sólo en África Occidental uno podría contar historia parecidas del Ga, del Ewe, del Nfntse, del Yoruba y de otros. Hay también otros relatos en otras partes de la geografía africana. He mencionado algunos aspectos de la historia del Twi (Akan) porque es también mi tradición, en la que trabajo en la actualidad, pero también en la que estoy consciente de que incursiono en los trabajos de otros.

La traducción de las Escrituras y el discipulado de las naciones

Se podrían preguntar por qué he dedicado tiempo a contar la historia del surgimiento de esta tradición de erudición cristiana vernácula en una pequeña porción de África Occidental. Lo he hecho, precisamente, para sugerir que, si bien la empresa de la traducción de las Escrituras puede parecer en un principio como una actividad oscura e insignificante, sin embargo, cuando se entremezcla con la visión adecuada de lo que las Escrituras mismas indican que es el propósito de Dios, entonces vemos que las verdaderas proporciones de lo logrado forman parte de la esfera de la escatología. Porque la traducción de las Escrituras, al hacer posible que oigamos “proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios” (Hechos 2:11), no debe concebirse aparte del interés de Dios en formar a un pueblo para sí mismo (Hechos 15:14) por medio del discipulado de las naciones, sino más bien como parte integral del mismo. Así es como entiendo el significado de lo que comúnmente llamamos “la Gran Comisión” en las Escrituras, Mateo 28:18-20.

La Gran Comisión no trata de cifras, ni de estadísticas, por importantes que estas sean. La Gran Comisión trata del discipulado de las naciones, de la conversión de aquello que hace que los pueblos se vuelvan naciones, de los procesos compartidos de pensar, de actitudes compartidas y comunes, de ideologías, perspectivas, lenguas, hábitos culturales de pensamiento y de comportamiento y práctica; todas estas cosas y las vidas de los pueblos en los que estas cosas encuentran expresión.  Todas estas cosas tienen que incluirse dentro del llamamiento al discipulado.

La gran Comisión trata de hecho de la conversión de culturas, y conversión no es la superposición en nuestros viejos hábitos, actitudes y temores, de algunas normas y tradiciones y soluciones que no responden a nuestras necesidades. Esto es proselitismo, no evangelización. Es como, en el Nuevo Testamento, los judaizantes que obligaban a los gentiles a circuncidarse y a convertirse en judíos para poderlos considerar verdaderos cristianos. Los gentiles no necesitaban circuncidarse para convertirse en verdaderos cristianos.

Antes bien, la evangelización y conversión es entregar a Cristo todo lo que Él encuentra en nosotros cuando nos sale al encuentro, y pedir que nos limpie, purifique y santifique a nosotros y a todo lo que somos, eliminando lo que considere incompatible con Él. La Gran Comisión trata, por tanto, del discipulado de las naciones.

Por consiguiente, Pentecostés (Hechos 2:5-12) fue el evento que inauguró el proceso de discipulado y conversión de las naciones. Pentecostés fue la respuesta a Babel en Génesis 11. Génesis 11:4 nos muestra el abuso de lenguas y culturas con el fin de hacerse un nombre en lugar de buscar la gloria de Dios.

Pentecostés fue la reconciliación de las naciones, pero lograda sólo por medio de Jesucristo, realizada en el Espíritu Santo, y para la gloria exclusiva de Dios, que es el único camino seguro para la bendición de las naciones.

Pentecostés no fue la disolución de las diversidades culturales sino más bien la demostración divina de que culturas diferentes pueden tener y tienen un solo y mismo Señor y Salvador y, por tanto, están bajo un solo y mismo discipulado. Así, Dios demostró esa verdad no aboliendo las diferentes lenguas para instituir una sola en lugar de todas ellas; no escogiendo alguna de las lenguas o expresión cultural como el único medio, especial, santo o sagrado, para su comunicación. Antes bien, demostró esa verdad hablando todas las lenguas y, con ello, haciendo que las personas oyeran y recibieran su comunicación, cada una en su propia lengua.

Si Mateo 28 fue el diseño de las verdaderas dimensiones de la tarea de discipular a las naciones, y si Hechos 2 fue la inauguración del proceso involucrado en llevar a cabo esa tarea, entonces Apocalipsis 7:9-12 nos muestra  cuál tiene que ser el fin del discipulado de las naciones.

Discipular a las naciones no es la salvación de algo llamado nuestra alma aparte de la encarnación cultural de nuestras vidas. Antes bien, su propósito, el fin y meta es la redención de culturas, y la purificación de todas nuestras formas culturales de vida y expresión, de manera que lleguen a expresar alabanza y adoración del único Dios vivo y de nuestro Señor Jesucristo.   Esto significa que no podemos utilizar nuestras formas, actitudes, perspectivas y prácticas culturales en formas que nieguen a Cristo o minimicen su preeminencia y su señorío, o excluyan a otros por razón de diferencias étnicas. Es aquí, a la luz del fin de todas las cosas, que vemos con suma claridad que la verdadera tarea de la evangelización es el discipulado y la conversión de las naciones y la redención de las culturas.

Visto, pues, desde su perspectiva verdadera, o sea, escatológica, confío en que se vuelve todavía más diáfano el lugar neurálgico de la traducción de las Escrituras en el gran diseño de Dios en la historia de nuestra redención. Recuerdo aquí de nuevo a Lamin Sanneh:

La traducción asumía que la Palabra abstracta de Dios encontraría su verdadero destino cuando se encarnara en lenguaje local concreto, dando credibilidad a la idea teológica de que la Palabra de Dios había contenido siempre la carga de la encarnación, y que su manifestación histórica en Jesucristo concentró e hizo visible un proceso que se está dando a lo largo de la historia.[2]

En el capítulo 7 de Christianity in Africa, interactúo con el desarrollo del tema por parte de Sanneh, y sugiero que lo que él llama ‘lenguaje local concreto’, y también ‘realidad concreta’, se logra con la asimilación indígena y la acción religiosa por medio del papel crítico de las Escrituras en lengua materna. Me parece que a medida que los centros de la fe cristiana se vayan enraizando más en los mundos plurales culturales, religiosos y lingüísticos de los continentes meridionales, este tema de, no sólo las Escrituras, sino, en realidad, de toda la fe cristiana captada en lenguas maternas, está destinado a convertirse en más, no menos, importante para la teología cristiana. En una época que se ha vuelto sumamente consciente de la práctica de genocidios y de limpieza étnica y de tragedias de esa índole, puede darse una preocupación legítima en torno a la promoción de las Escrituras en lenguas maternas, no sea que pudiera llegar a convertirse en el canal para el atrincheramiento en la exclusividad étnica.  Pero mi opinión es que, donde la promoción de las Escrituras en lenguas maternas ha parecido promover hostilidades étnicas, podría demostrarse que el Evangelio todavía no se ha profundizado lo suficiente. Porque, por la naturaleza misma del caso, sólo por medio de las lenguas maternas se puede producir un diálogo genuino entre Evangelio y cultura, genuino por cuanto se produce en las categorías de lenguajes e ideologías locales, y por tanto incorpora de manera realista las fuerzas elementales que operan dentro de tales ideologías, incluyendo las fuerzas subliminales que operan dentro de todas las culturas para excluir a otras. Entre nosotros en África, quienes maldicen, lo hacen no en inglés o francés o portugués. ¡Las maldiciones eficaces se hacen en lengua materna! Por tanto, se requiere que la mente de Cristo en lengua materna penetre de una manera igualmente eficaz y profunda para poder resolver el problema de la mente maldiciente.

El fenómeno llamado “globalización” plantea un conjunto diferente de problemas, incluyendo la probabilidad de una progresiva atrición de lenguas maternas y su sustitución con las así llamadas “lenguas mundiales”. Según mi punto de vista, esta probabilidad pudiera muy bien resultar ser un falso amanecer. El avivamiento contemporáneo de identidades lingüísticas y culturales distintas en varias partes del mundo, junto con la adopción de nuevos conocimientos en ciencia y tecnología, puede muy bien ser el indicio de que los pueblos pueden estar menos dispuestos a ser víctimas de la depredadora globalización que lo que se ha supuesto.

Más importante todavía es el hecho de que las Escrituras, como la revelación de la mente y designio de Dios, conservan su propia visión escatológica de la comunidad mundial. La visión escatológica de las Escrituras apunta a una pluralidad de culturas redimidas de igual importancia, con una mayor capacidad para comunicarse entre ellas, como fruto directo de la presencia redentora del Dios vivo.

A este respecto,  algunos de los proyectos de globalización reflejan una idea secular de la historia, una negación de la visión escatológica de las Escrituras y, según la perspectiva bíblica, equivalen a una repetición de Babel. En la medida en que la Iglesia se sintiera tentada a capitular frente a esta atrición de mundos culturales de significados representados por lenguas, la Iglesia se privaría de la oportunidad de nuevas perspectivas teológicas, porque se habrían desmantelado los canales mismos de expresión teológica.

Es importante darse cuenta de que el cristianismo, que “siempre ha sido universal en principio”, puede decirse que “se ha convertido en universal en la práctica” sólo en la historia reciente, hecho que “no sólo es único entre las religiones mundiales; es una nueva característica de la fe cristiana misma”.[3]

Es importante, por tanto, no subestimar lo que puede implicar la práctica de una “identidad cristiana global”. El hecho es que, con la excepción de la primerísima fase del surgimiento del cristianismo, el desplazamiento moderno del centro de gravedad de las zonas de importancia estratégica cristianas ha generado una situación en la que la fe cristiana ha surgido, en términos generales, como la religión de “los relativa y absolutamente pobres, centrada en las partes más pobres del mundo”.[4]

Que las palancas del poder económico y político es probable que se “ubiquen en el Occidente pos-cristiano”[5]

podría significar que las partes más pobres del mundo donde se encontrarán la mayoría de los cristianos del mundo, serán vistas como no significativas si se contemplan desde el punto de vista de los intereses geopolíticos del Occidente.[6]

Sin embargo, sería comprender mal la naturaleza del cristianismo como fe universal suponer que los cristianos en Occidente vayan a considerar también a sus correligionarios en otras partes como de escaso interés. En las décadas venideras, por tanto, el efecto acumulativo del impacto del resurgimiento de la religión bajo sus diversas formas en general, y del cristianismo enparticular, ahora por primera vez en la historia como fe universal, podría muy bien ser un proceso inverso de la globalización prevaleciente impulsada por Occidente. Podría volver a valorarse un proceso de globalización “desde abajo”, en el que la significación social y cultural de las creencias religiosas y de las comunidades religiosas, asociada con las partes menos prósperas del mundo,  podría conducir a una modificación considerable de la expectativa, ahora muy generalizada, de que los Dos Tercios del mundo poco más pueden hacer que seguir los pasos del otro Un Tercio.

Lenguas en diálogo: hacia un Pentecostés más total

Si la expectativa, por tanto, de que es la visión escatológica de las Escrituras la que resultará más duradera, ¿cómo afectará a la Iglesia la labor de traducción de las Escrituras en una era de globalización? Mi punto de vista es que, a medida que los nuevos centros de la universalidad del cristianismo vayan ganando confianza como partícipes en una fe global, la disponibilidad de las Escrituras en una multiplicidad de lenguas brindará la oportunidad para una reciprocidad genuina entre quienes pueden estar preparados para oír, en más de una lengua, las cosas maravillosas de Dios. Pero quizá lo que resulta más interesante, es que  brindará la oportunidad para medir las capacidades relativas de las diversas lenguas para articular la verdad bíblica. Porque parte del milagro de Pentecostés con el descenso del Espíritu Santo, es también una mejor comunicación entre multitudes de personas que hablan lenguas diferentes.

Me gustaría presentar, por tanto, un comentario propio acerca de un diálogo imaginario entre las traducciones estándar en español, por un lado, y en Twi (la traducción Twi Christaller-Akrofi) por el otro, del mismo texto griego en el Nuevo Testamento, a saber, Hebreos 1:1-2.

Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A este lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo. (NVI)

Mi interés por este pasaje no deriva de la relación de la primera revelación con la última; más bien se basa en la noción de la prioridad de Cristo respecto a todo el orden creado.

En esta traducción de la NVI el pasaje no sorprende mucho pero es porque no se trata de una traducción impecable. Mi interés se centra en la última frase: por medio de él hizo el universo. La palabra griega que se traduce como ‘universo’ es el punto difícil. Si el autor hubiera estado pensando en el universo en su constitución real como un todo, hubiera utilizado la muy conocida palabra griega ?osµ??.

Sin embargo, con el empleo de una palabra diferente, a???e?, quiso transmitir la idea del universo como un orden que existe y que se ha desarrollado a través del tiempo en fases sucesivas y que alcanza a generaciones distantes, hacia la antigüedad y también hacia un futuro ilimitado. En este caso, detrás del empleo de la palabra griega está el concepto hebreo de ???? (olam), cuyo significado básico es ‘eternidad’.      

En vista de todo esto, una traducción mejor de Hebreos 1:2 es la versión Twi ‘a onam no so nso yee mmeresanten no’. El punto es que el concepto que el autor quiere comunicar no es el mundo en su sentido geográfico sino el mundo en su manifestación y desarrollo históricos.

Por esta razón la traducción Twi ‘mmeresanten’ es preferible a la versión española ‘universo’ (NVI), ‘universo’ (RV), ‘mundos’ (Biblia de Estudio). Porque ‘mmeresanten’ transmite el sentido de no sólo las fases ‘mmere’ en el tiempo de las generaciones de la sociedad humana que van hacia el pasado y el futuro, sino también la idea de las estructuras totales, culturales, sociales, políticas y religiosas que informan y determinan la existencia humana individual y colectiva dentro de estas fases del tiempo y de la historia. La idea fundamental aquí es Tradición (con ‘T’ mayúscula) y que en Cristo y por medio de Él, todos estos elementos necesarios para el desarrollo de la historia humana y de nuestra existencia individual y colectiva, fueron creados y proporcionados, desde la eternidad.  Si todas las cosas que conforman nuestra existencia y definen y moldean nuestras vidas fueron creadas en Él, entonces nuestra identidad debe encontrarse en Él.

De hecho, podría pasar al versículo 3 para mostrar que, donde las versiones españolas no dicen nada de la instrumentalidad de la expiación llevada a cabo, la versión Twi, debido a su estructura gramatical y alcance semántico de la lengua, así como la esfera religiosa y espiritual de interpretación, opta por una lectura alterna en el aparato crítico. Así, la insistencia Twi en lo concreto de la expresión lee el texto como ?a?a??sµ?? t?? a?µat??? d? ea?t?? p???saµe??? ‘Ode n'ankasa ne ho dwiraa yen bone no’. ‘Después de purificar por los pecados por medio de sí mismo’.

El punto de este ejercicio de diálogo entre las Escrituras en diversas lenguas, es que ilustra las capacidades diferentes de las diferentes lenguas y, por ello, la necesidad que tenemos de oír y captar los significados que cada una de ellas puede ofrecer. Aquí anticipamos la visión escatológica de la humanidad redimida: la multitud de cada nación, tribu, pueblo y lengua, de pie delante del trono de Dios y cantando en sus variadas lenguas, el único cántico nuevo de alabanza y adoración al único Salvador de todos los redimidos, el Cordero de Dios, Jesucristo el Señor (Apocalipsis 7:9-12).

Kwame Bediako

Akropong-Akuapon, Ghana

 

Notas

1  Kwame Bediako, Christianity in Africa: the renewal of a non-western religion, (Edinburgh: Edinburgh University Press, 1995: 57.

2  Lamin Sanneh, “The horizontal and the vertical: An African perspective”, en IBMR, vol.7, no.4, 1983, pp.165-71.

3 A.F.Walls, “The Christian tradition in Today’s World” en F.B. Whaling (ed.), Religion in Today’s World, Edinburgh: T & T Clark, 1987: 76.

4  A.F.Walls, “Africa in Christian History Retrospect and Prospect”, en Journal of African Christian Thought, vol.1, no.1, junio 1998: 14.

5  A.F.Walls, “Africa in Christian History”: 14.

6  S.Huntington, The Clash of Civilisations and the Remaking of World Order, New York: Simon & Schuster, 1996.